jueves 2 de julio de 2009
miércoles 1 de julio de 2009
Et voilà!
Habíamos quedado para cenar y varios de mis compañeros de trabajo iban a llevar a su pareja. Así que yo, ni corta ni perezosa, decidí presentarme con mi novia y dar el sorpresón.En mi trabajo no hay muchas oportunidades de confraternizar a los niveles que yo necesito para revelar tamaña noticia, por lo que la ocasión era un ahoraonunca de los buenos. Después de meses intentando encontrar una conversación que me permitiera confesarme, me había dado cuenta de que el momento perfecto nunca llegaría, y menos aún los momentos perfectos que necesitaba para ir hablando con mis compañeros de uno en uno. Así que, cuando se planteó la cena, no pude dudarlo y no lo dudé.
Lo cual no quiere decir que las tuviera todas conmigo. Según nos íbamos acercando, me iba invadiendo la certeza de no poder controlar mis esfínteres, es decir, mearme, cagarme y vomitarme encima en el momento de las presentaciones. Pero, aun doblada por el peso de una piedra en el estómago que sin duda hubiera hundido en el lago al lobo de las siete cabritillas, fui capaz de decir la frase mágica todas las veces que fue necesario:
─ Esta es L, mi pareja.
La reacción de mis compañeros fue parecida. Casi todos sabían que iría con mi pareja, algunos se acababan de enterar de que no era la solterona que aparento apenas dos días antes, y seguramente ninguno se atrevió a cuestionar la regla heteronormativa que explica que cuando una mujer tiene pareja, esa pareja es un hombre. Por todo ello, necesitaron unos segundos para hacer la siguiente operación mental:
─ Así que esta chica no es su amiga, ni su hermana, ni su prima, porque claro, ella iba a venir con su pareja y no con su amiga, ni su hermana, ni su prima, de modo que esta chica es su pareja, con lo que su pareja no es un chico, y si su pareja no es un chico, resulta que, contra todo pronóstico y a pesar de no existir evidencias previas, nuestra compañera de trabajo ES LESBIANA.
Fue bastante curioso ver ese momento de confusión reflejado en sus rostros. Pero mucho mejor fue asistir a lo que pasó después. Y es que todos sonrieron. Sonrieron, saludaron a mi novia, le dieron conversación durante la cena y me abrazaron cuando nos despedimos.
Desde aquel día, la compuerta que sujetaba las emociones que tanto mis compañeros como yo deseábamos compartir se abrió de par en par y todo empezó a fluir a borbotones. Mis compañeros me han abrazado, sonreído y dado muestras de complicidad más en unos días que en todos los meses que llevamos trabajando juntos. Y aunque a mí todavía me cuesta no seguir manteniendo la distancia de seguridad que me alejaba de ellos muy a mi pesar, sé que es cuestión de tiempo ser capaz de normalizar mi relación con ellos y comportarme y vivir como los demás.
Una nueva batalla ganada.
¡Encantada!
Etiquetas: Vida en pareja, Visibilidad
miércoles 24 de junio de 2009
Derechos Humanos LGBT
Los derechos de las personas LGBT y de nuestras familias forman parte del conjunto de los Derechos Humanos. Y aunque algunos preferirían creer que no, un pequeño paseo por la Declaración de 1948 nos recuerda que así es:Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos.
Artículo 2
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.
Artículo 12
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
Artículo 16
1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.
Artículo 18
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Artículo 25
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
Artículo 26
2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
Que los Derechos Humanos se incumplan en todo el mundo no quiere decir que debamos resignarnos y dejar de exigir que se respeten también para las personas LGBT. Es más: en el caso de que nuestros derechos no estuvieran recogidos en esta Declaración, su inclusión habría de ser un nuevo frente en nuestra lucha, y la modificación de un texto discriminatorio nuestra meta.
Humana como los demás,
y encantada.
Etiquetas: Derechos
lunes 15 de junio de 2009
In Ágatha we trust
Sale a recibirme una señora ataviada con un vestido de Ágatha Ruiz de la Prada. Zapatillas de estar en casa a juego: colores verdes, amarillos y rosas. Fosforitos.
─ ¡Esta es mi madre ─exclamo para mis adentros─ y no ese ser que me repudia!
A los diez minutos me doy cuenta de que “mi madre” y “ese ser que me repudia” han ser, forzosamente, la misma persona.
A los veinte minutos recuerdo que Ágatha Ruiz de la Prada está casada con un señor muy malo.
A la media hora me resigno: mi madre es moderna, sí, para lo que le interesa.
Y si nuestra relación está destinada a fosforecer algún día la mitad que su vestido, ese día aún está a bastantes domingos de camino.
Encantada (no obstante) de aspirar a conseguirlo.
Etiquetas: Familia
viernes 5 de junio de 2009
El yoni


Colgante moderno en forma de yoni triangular.
Algunos especialistas consideran, incluso, que ciertos símbolos de las primeras formas de escritura derivaron precisamente de las representaciones simbólicas de las vulvas, a través de una esquematización de sus rasgos:
En su función generadora de vida, la vulva se identificaba con la Tierra. Así, algunas culturas identificaban directamente en el paisaje y sus elementos formas como las anteriormente descritas, considerándolas lugares sagrados. En ocasiones, las teñían con tintes rojizos al comienzo de las estaciones de desarrollo de la naturaleza, como la primavera o los monzones. Estos tintes representaban, evidentemente, la menstruación, a la cual se le otorgaba el poder de crear vida, venerándose y honrándose como causa de la existencia de los seres humanos y también de la vida natural.
Hendidura en un árbol identificada como yoni.
A medio camino entre el significado de vida y el de muerte, la vulva también era considerada una posibilidad para el renacimiento. Así, en numerosas tradiciones se creía que los muertos atravesaban el yoni para volver al útero divino, donde se preparaban de cara a un nuevo renacer. Algunas de las costumbres asociadas a esta cosmovisión consisten en atravesar formaciones rocosas, cuevas y dólmenes como imitación del renacimiento tras una peregrinación. En el mismo sentido, algunas tribus americanas dibujaban una diosa en el frente de sus casas, haciendo coincidir su yoni con la puerta de entrada.

Típica casa tlingit, en cuya fachada se representa a la Madre Osa.
Pero la vulva también podía representar el ansia hambrienta y destructora de la muerte, una gran boca dentada que conducía a las tinieblas todo aquello que caía en su poder. Sociedades como los navajos y los apaches cuentan entre sus relatos tradicionales con numerosos ejemplos de vulvas autónomas que caminan y muerden, como Vagina Llena, que copulaba con los cactus. Estos seres eran combatidos y derrotados por importantes héroes masculinos, que acaban con su ferocidad al romperles simbólicamente los dientes. Este tipo de relatos evidencian el cambio que se produjo en estas sociedades de orígenes matriarcales y que fueron adoptando el sistema patriarcal. El derrocamiento de la vulva representa el cambio en el poder, pero también evidencia el miedo de estas sociedades a los principios de vida y muerte que rigen la existencia de los seres humanos y de la naturaleza que los rodea.
¡Encantada!
lunes 1 de junio de 2009
¡Blogueando por nuestras familias!
Desde que conocí la iniciativa, tenía muchas ganas de participar en el Día para bloguear por/para/sobre/de las familias LGBT que se promociona desde Mombian y que tantos blogs amigos secundan; y como este año pude enterarme a tiempo gracias a Las Dos Mamis, aquí va una entrada para celebrar la existencia de todas las familias diversas, y en especial, ¡las nuestras!Mi novia y yo planeamos desembarcar en la gran aventura de ser mamás dentro de unos dos años (aunque nunca se sabe). Pero antes de iniciar tamaña gesta, tenemos una lista no escrita (¡hasta hoy!) de cosas que hacer para allanarnos el camino, a nosotras y a los que vengan.
Y la lista dice así:
1. Comprarnos una casa. La verdad es que nunca terminamos de estar de acuerdo en si es verdaderamente necesario hacerlo, ni en cómo, ni en cuándo. Nuestro principal quebradero de cabeza es, evidentemente, la hipoteca. Firmar un papel que te sentencia económicamente para los próximos 30 (en el mejor de los casos) años no resulta plato de buen gusto, e implica una serie de decisiones trascendentales que a dos repensadoras profesionales como nosotras nos parece imposible asumir. ¿Campo o ciudad? ¿Clase media o proyecto alternativo? ¿Urbanización o plaza? ¿Barrio nuevo o barrio viejo? ¿Y los vecinos? ¿Y los colegios? ¿Y…? Todo ello a sabiendas de que nuestra decisión está limitada por lo que realmente nos podamos permitir, y lo que hayamos logrado ahorrar, que nunca parece suficiente.
2. Casarnos. Este punto tampoco nos convence demasiado. Por un lado, no terminamos de compartir visiones sobre la manera en que queremos hacerlo: ¿ceremonia o mera firma? ¿invitados? ¿vestidos? ¿anillos? Por otro lado, la opción matrimonio resulta fundamental si queremos tener hijos a través de algún método de reproducción asistida; pero, ¿y si queremos adoptar? ¿No nos restará oportunidades? ¿O es mejor casarse de todas formas y reivindicar nuestros derechos, sin hacerle el juego a las políticas homófobas (inter)nacionales?
3. Ser visibles. Sobre todo, en el trabajo y en la familia extensa, dos ámbitos que hemos empezado a explorar recientemente. La verdad es que las dos tenemos bastante claro que nuestra propia autoaceptación es una condición sine qua non para ser mamás. No queremos que nuestros hijos paguen por nuestras inseguridades, nuestros miedos, nuestra homofobia interiorizada. Y por supuesto, nos negamos totalmente a mantener en secreto la existencia de nuestra familia. La integración empieza por nosotras mismas, y este es un trabajo que sólo nosotras podemos hacer. Ahora bien, ¿cuándo? ¿cómo? ¿dónde está ese punto de no retorno en el que salgamos del armario escopetadas y no volvamos a entrar nunca más? Aunque pensando en nuestros hijos nos llenamos de fuerza y esperanza, somos conscientes de que todavía nos queda mucho por andar.
Supongo que en el fondo esta lista no es más que un intento por tenerlo todo atado y bien atado antes de atrevernos con la maternidad. Sin embargo, ¿acaso no es siempre este un salto en el vacío, sobre una piscina quién sabe si llena o vacía, hacia un futuro insospechable, netamente por escribir? Así nos parece muchas veces, y por eso nuestro camino se siembra de dudas, de reflexiones acerca de lo realmente importante, de lo verdaderamente imprescindible, de lo absolutamente necesario. Y quizá porque ya lo tenemos en nuestras vidas es por lo que nos atrevemos a imaginar el futuro de nuestra familia: una familia llena de AMOR.
¡Encantadas!
Etiquetas: Activismo, Maternidad, Vida en pareja
domingo 17 de mayo de 2009
Día internacional contra la homofobia
Con motivo de la celebración del 17 de mayo, me gustaría hacer mención a un tipo de homofobia que, en ocasiones, las propias personas homosexuales nos olvidamos de combatir: la homofobia interiorizada.Esta homofobia tiene su origen en la interacción entre nuestro yo interior y la vida en sociedad. Desde nuestra infancia, millones de mensajes (subliminales en el mejor de los casos, explícitos muy comúnmente) nos advierten de que tener una sexualidad diferente a la heteronormativa es negativo. Puede que esa negatividad se exprese en forma de pecado, de falta moral, de enfermedad, de depravación; pero, en cualquier caso, la idea de fondo es semejante.
Muchas veces, no es necesario que nadie nos diga nada, ni siquiera tenemos que oír hablar de la existencia de una sexualidad diferente para aprender a temerla y, a partir de este temor, defendernos de ella odiándola. Las propias estructuras que vertebran nuestra sociedad se encargan de generarnos esas emociones: todo el mundo tiene papá y mamá, abuelos y abuelas, tíos y tías; todas las películas, libros, canciones están protagonizadas por parejas heterosexuales; nuestro futuro, por tanto, debe ser y será el mismo, el único. Lo que nos muestran como normal nos introduce sin preguntarnos en la esfera de lo normativo, ocultándonos información, negándonos una visión completa de la realidad.
Por eso, cuando descubrimos que la realidad puede ser diferente, y que esa diferencia la provocamos nosotros, el miedo a lo desconocido puede llegar a convertirse en rechazo y odio por lo que pudiera ser nuestra vida, por la experiencia de nuestro verdadero yo. El sufrimiento atroz que esta contradicción conlleva nos empuja a minimizarlo acudiendo a diversos razonamientos que, a corto plazo, resultan paliativos: que me guste tener relaciones sexuales con alguien de mi propio sexo no me convierte en homosexual; yo me enamoro de las personas y que mis parejas siempre hayan sido de mi mismo sexo es pura casualidad; aunque mantenga una relación estable con alguien de mi propio sexo soy heterosexual; que alguna vez haya tenido una relación heterosexual implica que no puedo ser homosexual; etc.
Considero que el caso de la homofobia interiorizada debe ser tratado como cualquier otro tipo de homofobia: problematizando ésta y no la homosexualidad. Sin embargo, muchas personas que la sufren confunden estos términos y creen que su malestar proviene de su condición sexual y no del odio hacia ellas mismas que las estructuras sociales les han transmitido durante años, y que probablemente les siguen transmitiendo. Este cambio de perspectiva, no obstante, parece ser la clave para instalarse en el camino de superar el odio y caminar hacia la aceptación.
Por nuestra propia salud, recordemos que la homofobia interiorizada también se puede curar.
Encantada de contribuir a su desaparición.
Etiquetas: Activismo, Psicología
jueves 14 de mayo de 2009
Dos años ENCANTADA
Ayer mi blog cumplió dos añitos, y lo mejor es que cada día que pasa estoy más encantada.Encantada de escribir, de compartir, de pensar, sentir y conocer. Encantada de no haber perdido la ilusión por un proyecto que me ayuda a seguirle el paso a mi propio devenir. Encantada de tener nuevas ideas, nuevos iniciativas, nuevos sueños, y de ser capaz de entretejerlos con las pequeñas agujas de este pequeño yo.
Hace un año decidí cambiar la imagen de cabecera. Atrás dejé un cuerpo oculto bajo el burka, que se conformaba con afirmar su propia existencia, con asegurar que estaba vivo; y aposté por otro en movimiento, una mujer que, si bien semi-visible, avanzaba hacia algún lugar. Ahora siento que mi identidad, poco a poco, va dejando de estar definida por lo que oculto para expresarse en lo que muestro, en la manera en que por fin me voy animando a vivirme, cada día con menos miedo, con más alegría en cada paso, reflejando un arcoiris de esperanza aun consciente de que no ha dejado de llover.
Dos años significan un buen puñado de escritos: experiencias, pensamientos, ideas, enfados y alegrías que no quiero dejar de compartir. Por eso me hace muy feliz estar construyendo una nube de temas que, si bien me llevará algún tiempo terminar, puede hacer un poco más transparente este blog para quienes poco a poco se van acercando por aquí. Es mi manera de hacerles más cálida la bienvenida y facilitar cada una de las visitas que me quieran hacer.
Encantada de seguir creciendo.
Etiquetas: Blog
martes 28 de abril de 2009
Lesbiana (o no)
Leía hace poco que, por lo general, las personas nos sentimos más cómodas cuando podemos explicarnos contando nuestra propia historia que cuando se nos obliga a decirnos adscribiéndonos a una única categoría. Y esto es aplicable también a aquella que pone nombre a nuestra orientación sexual.Personalmente, he descubierto que una de las cosas que me molesta de decir que soy lesbiana son las interpretaciones restrictivas que algunas personas hacen de esa categoría. Me explico: sólo puedo sentirme cómoda denominándome lesbiana si todo lo que he sido, soy y seré cabe en ese concepto. Y para comprobarlo necesito contrastarlo con el relato de mi historia personal.
Después de recolectar gran cantidad de recuerdos y experiencias de mi infancia y juventud, después de pasarlos también por el tamiz de diferentes tipos de compresión (intelectual, emotiva, discursiva, biográfica y un largo etcétera), he llegado a la conclusión de que mi objeto de deseo romántico y social han sido, la mayor parte del tiempo, los hombres. Es decir: durante más de veinte años de mi vida, me he enamorado de hombres y he deseado que mi pareja fuera un hombre, todo ello aderezado con una ligera erotización de lo masculino. Por las mujeres, no obstante, sentía una intensa atracción física y sexual, atracción profundamente turbadora, que me provocaba un sentimiento cercano a la embriaguez del que creo haber sido siempre consciente. Pero en ese sentimiento no se incluía el amor ni, por supuesto, la deseabilidad social.
Desde hace un lustro, sin embargo, esta experiencia vital ha cambiado, debido, por una parte, a mi curiosidad por explorar el origen (y el alcance) de mi atracción por las mujeres; y por otra, a mi primera experiencia amorosa con una (mi pareja actual). En la misma línea, mis sentimientos por los hombres han ido decreciendo, no de manera inmediata (ni mucho menos), y siempre manteniendo, intermitentemente tal vez, cierta curiosidad por ellos y la misma ligera erotización que sentía con anterioridad.
¿Qué puede pasar de aquí en adelante? Yo creo, sinceramente, que mi camino se va dirigiendo hacia un aumento de la deseabilidad social en relación con las mujeres. Me refiero a que, poco a poco, empiezo a sentir en mí eso que antes me llamaba tanto la atención en otras y que pensaba que no podía estar hecho para mí: la certeza, cada día mayor, de que si volviese a nacer querría nacer de nuevo lesbiana. Empiezo a asumir mi lesbianismo no como un castigo divino o una herencia genética contra la que no se puede luchar, sino como un regalo maravilloso, una oportunidad que la vida me brinda para poder desarrollarme y ser feliz de la manera más hermosa que podría imaginar. Empiezo, creo, a considerar que ser lesbiana no es una mera orientación sexual, sino una opción personal.
¿Puede entonces la categoría lesbiana albergar por completo mi experiencia? ¿Entenderán los demás que, si yo soy lesbiana, esta palabra significa necesariamente todo lo que yo soy? Y si mi futuro no fuera el que creo, ¿en qué momento dejaría de ser lesbiana para, quizás, plantearme si soy o no bisexual? ¿Cómo y dónde se establecen los límites entre ambos conceptos? ¿Los pongo sólo yo o los ponen también los demás?
Si bien la adscripción personal a una u otra categoría depende de numeroso factores, me parece relevante ese sentimiento de comodidad con el concepto que surge especialmente cuando, aparte de constituir una opción, la palabra con la decidimos nombrarnos realmente nos representa. De manera amplia, diversa, pero lo suficientemente significativa como para poder decirnos y decir: “sí, yo soy así”.
Mientras no sintamos eso, mientras no hayamos recorrido esa parte del camino, quizá no merezca la pena esforzarse por aceptar o rechazar una palabra vacía (o con demasiada carga) que otros dicen que somos (o no).
Encantada.
Etiquetas: Identidad
viernes 24 de abril de 2009
Nu Gua
La supervivencia a través del tiempo del mito chino de Nu Gua es casi un milagro, un pequeño tesoro que debemos conocer, preservar y difundir. Y es que es uno de los pocos en los que una diosa y no un dios crea a los seres humanos.Como en otros relatos de la creación, Nu Gua había existido desde siempre, gozando del poder de transformarse y transformar otros elementos. Después de mucho tiempo vagando por el mundo en soledad, decidió buscar compañía, creando a los seres humanos. Para ello, se sentó en la orilla de un río y empezó a moldear una figurilla con barro. Cuando la posó en el suelo, una vez terminada, ésta cobró vida de inmediato, bailando y riendo de felicidad. Contagiada de esta alegría, Nu Gua decidió llenar el mundo de otras figurillas similares, para lo cual trabajó hasta el anochecer. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que, por mucho que trabajara del mismo modo, no alcanzaría a crear tantas figurillas como deseaba. Entonces, cogió un tallo de enredadera, lo pasó por el barro y, utilizando su poder, lo hizo girar, de manera que cada gota de barro que salía despedida de la enredadera y tocaba el suelo se transformaba en un ser humano. Y así fue como la diosa Nu Gua logró poblar la Tierra.
En otro mito posterior, la diosa Nu Gua salva al mundo de la destrucción. Después de que dos de los dioses más poderosos se pelearan, uno de los pilares que sujetaban el cielo quedó dañado, provocando terribles inundaciones. Se dice que Nu Gua reparó el daño con su propio cuerpo, aunque en otras versiones utilizó para ello piedras de siete colores, dando origen al arco iris.
Los mitos asociados con la diosa Nu Gua me resultan particularmente hermosos porque en ellos se nos ofrece una diosa creadora muy diferente a otros dioses creadores de diferentes tradiciones. Nu Gua asume su soledad y la combate, se contagia de la alegría de sus propias criaturas, admite sus limitaciones como diosa y las supera con ingenio, cuidando de su creación a pesar de los descuidos de otros dioses.
Por todo ello, creo que su figura es una fuente de reflexión muy valiosa, que nos invita a imaginar otra sociedad basada en otras tradiciones donde no prime el poder despótico, la destrucción y la violencia, sino el cuidado, la compañía y la alegría de vivir y compartir.
Encantada.
Etiquetas: Mitología








